Cuando el algoritmo te dice "sí", pero tu corazón susurra "espera"
Por Fredy Serna Mejía – Coach, Mentor y Facilitador en Procesos de Transformación
Déjame contarte algo que quizá ya has vivido sin ponerle nombre.
Hace unos meses, un directivo con el que trabajo me llamó a medianoche. Su voz sonaba extraña. No era urgencia. Era desconcierto.
«Fredy, el sistema nos recomendó despedir a 40 personas. Los números son perfectos. La eficiencia mejora un 23%. Pero algo dentro de mí… no puede firmar esa orden.»
Le pregunté: «¿Qué es ese ‘algo’?»
Hubo un silencio largo. Luego dijo: «No lo sé. Pero siento que si lo hago, perderé algo que no puedo recuperar.»
Esa noche descubrió lo que muchos líderes están descubriendo ahora:
La tecnología te puede decir qué hacer.
Pero nunca quién quieres ser al hacerlo.
Y ahí, justamente ahí, empieza el territorio sagrado del criterio humano.
La fábula del mapache y la trampa brillante
Los pueblos originarios cuentan una historia inquietante.
Para cazar mapaches, los cazadores usaban una trampa simple: una botella con el cuello angosto, llena de piedras brillantes.
El mapache metía su mano, agarraba las piedras… y ya no podía sacarla.
La botella era demasiado pesada. Pero el mapache se negaba a soltar.
Podía escapar en cualquier momento.
Solo tenía que abrir la mano.
Pero la fascinación por lo brillante era más fuerte que su instinto de supervivencia.
¿Te suena familiar?
Hoy, muchas organizaciones tienen la mano atrapada en la botella de la eficiencia.
Datos brillantes.
Procesos optimizados.
Predicciones perfectas.
Pero están perdiendo algo esencial: la capacidad de soltar cuando es necesario.
Porque hay decisiones que, aunque eficientes, te arrancan el alma.
El día que la eficiencia dejó de ser suficiente
Durante décadas nos vendieron una promesa seductora:
«Si optimizas todo, ganarás.»
Y funcionó.
Por un tiempo.
Pero llegó un punto en que las empresas más eficientes empezaron a colapsar desde adentro.
No por incompetencia.
Por deshumanización.
Despidos «estratégicos» que mataron la confianza.
Procesos «eficientes» que borraron el sentido.
Decisiones «basadas en datos» que ignoraron el corazón de las personas.
Y entonces apareció una grieta incómoda:
¿De qué sirve ser impecable… si nadie quiere trabajar contigo?
¿De qué sirve crecer… si pierdes tu integridad en el camino?
Las empresas conscientes ya lo entendieron:
La próxima frontera no es la velocidad.
Es la sabiduría para decidir cuándo frenar.
Lo que ningún algoritmo puede hacer por ti
Aquí viene lo que necesitas grabar a fuego:
La inteligencia artificial puede decirte:
- Cuál es la opción más rentable
- Cuál tiene menor riesgo
- Cuál optimiza recursos
Pero no puede decirte:
- Cuándo una decisión traiciona tus valores
- Qué impacto tendrá en el espíritu de tu equipo
- Cuándo es momento de perder dinero para ganar conciencia
- Qué consecuencias invisibles estás sembrando
Porque el criterio no es cálculo.
Es conciencia.
Y la conciencia nace de tres lugares que ninguna máquina puede replicar:
- Tu historia personal (lo que has vivido te enseña a leer entre líneas)
- Tu empatía activa (tu capacidad de sentir el impacto en otros)
- Tu valentía moral (tu disposición a sostener lo incómodo pero correcto)
El error mortal: confundir más información con mejor discernimiento
Hoy estamos ahogados en datos.
Reportes.
Métricas.
Proyecciones.
Análisis predictivos.
Y paradójicamente, muchas organizaciones están paralizadas.
No porque no sepan.
Porque no pueden elegir.
Tienen 47 opciones posibles.
Pero ninguna brújula interna.
Y ahí está el problema:
El discernimiento no nace del dato.
Nace de la madurez para leer lo que el dato no dice.
El dato te dice «qué está pasando.»
El criterio te dice «qué significa esto para nosotros.»
El dato es neutral.
El criterio es humano.
Y lo humano siempre implica riesgo, incertidumbre… y responsabilidad.
Las decisiones que nunca debes delegar (aunque puedas)
Escucha esto con atención:
Hay decisiones que, aunque la tecnología pudiera tomarlas, no debería hacerlo.
- A quién promover (porque el liderazgo es confianza, no solo desempeño)
- A quién cuidar cuando falla (porque ahí se construye cultura)
- Cuándo decir «no» aunque sea rentable (porque hay límites no negociables)
- Qué sacrificar para mantener la coherencia (porque tu integridad no tiene precio)
Estas decisiones no son técnicas.
Son actos de definición de identidad.
Cada vez que las tomas, estás diciendo:
«Esto es lo que somos. Esto es lo que no negociamos.»
Y eso, querido líder, ninguna IA puede sostener por ti.
El nuevo territorio del liderazgo consciente
Las empresas del futuro ya no compiten por tener mejor tecnología.
Compiten por tener líderes con mejor criterio interno.
Líderes que:
- Puedan sostener la tensión entre eficiencia y humanidad
- Sepan cuándo los números mienten sobre lo importante
- Tengan el coraje de decidir desde la conciencia, no solo desde la conveniencia
Porque el futuro no pertenece a quien decide más rápido.
Pertenece a quien decide con mayor profundidad de impacto.
Tu momento de verdad
Ahora viene la parte incómoda.
La parte donde no puedes seguir leyendo sin mirarte al espejo.
Pregúntate esto:
¿Cuántas decisiones has tomado este mes basándote solo en «lo que funciona»… sin preguntarte si era lo correcto?
No te juzgues.
Solo observa.
Porque ese espacio entre «funciona» y «es correcto»…
Es exactamente donde se construye el liderazgo consciente.
Tus acciones para los próximos 7 días
No quiero dejarte solo con ideas.
Quiero que te muevas.
Acción 1: El diario de las decisiones incómodas
Durante una semana, escribe cada decisión que tomes. Al lado, pregúntate: «¿Esto es eficiente… o también es correcto?» Nota la diferencia.
Acción 2: La pregunta del espejo
Antes de cualquier decisión importante, pregúntate: «¿Puedo sostener esta decisión mirándome a los ojos en 5 años?» Si la respuesta no es inmediata, hay algo que revisar.
Acción 3: El inventario de tus no negociables
Escribe 3 límites que nunca cruzarías, aunque fueran rentables. Compártelos con alguien de confianza. El criterio necesita testigos.
Acción 4: La conversación valiente
Busca una decisión reciente donde sentiste que «algo no estaba bien.» Conversa con alguien al respecto. No para justificarte. Para afinar tu criterio.
El final que es un comienzo
La IA seguirá avanzando.
Eso es inevitable.
La pregunta real no es si la usarás.
Es quién serás mientras la usas.
Las empresas conscientes ya no buscan perfección operativa.
Buscan coherencia humana.
Y la coherencia no se mide en velocidad.
Se mide en criterio.
En la capacidad de sostener lo correcto, aunque sea incómodo.
En el coraje de frenar, aunque el sistema diga «acelera.»
En la sabiduría de elegir quién quieres ser, no solo qué quieres lograr.
Porque al final del día, lo único que nadie puede arrebatarte es tu criterio.
Tu tecnología puede quedar obsoleta mañana.
Tu estrategia puede cambiar el próximo trimestre.
Pero quién eres cuando decides… eso te define para siempre.
Hasta entonces, que tu criterio sea tu brújula.
— Fredy Serna Mejía
Coach en Procesos de Transformación