El Regalo que Nadie Espera (Pero Todos Necesitan)

Por Fredy Serna Mejía – Coach, Mentor y Facilitador en Procesos de Transformación

Había una vez un mercader que cada año recorría pueblos enteros buscando el regalo perfecto. Gastaba fortunas. Agotaba días. Pero cada Navidad, al entregarlos, sentía un vacío extraño. Hasta que un niño le preguntó: «¿Y a ti, quién te regala?»

El mercader se quedó mudo.

Porque nunca se había dado cuenta de que llevaba años dando desde la herida, no desde el corazón.

 

El error que todos cometemos

Aquí está la verdad incómoda: la mayoría de tus regalos no tienen nada que ver con el otro. Tienen que ver contigo.

Con tu necesidad de ser querido.
Con tu miedo a decepcionar.
Con tu urgencia de demostrar que eres suficiente.

Cuando regalas desde la carencia, el otro lo siente. Tal vez no lo dice. Pero en algún lugar profundo, ambos saben que ese regalo cargaba algo más.

¿Te has preguntado alguna vez desde dónde estás regalando? ¿Desde el amor… o desde la necesidad de aprobación?

La Navidad no es lo que te enseñaron

La Navidad bien vivida no es sobre dar al otro. Es sobre reordenar tu vínculo con el dar.

No es una transacción. No es un performance. Es una oportunidad de preguntarte: ¿Qué estoy llamado a ofrecer este año, más allá de los objetos?

Y aquí viene lo poderoso: a veces, el regalo más consciente es no regalar.

Cuando el gesto estaría vacío.
Cuando forzaría un vínculo.
Cuando sostendría una dinámica que ya pide transformación.

Elegir no regalar desde la verdad puede ser más honesto que regalar desde la apariencia.

Los regalos que no caben en cajas

¿Sabes cuál es el regalo que nadie espera pero todos necesitan? Tu presencia real.

No tu cuerpo sentado mientras tu mente vaga.
No tu sonrisa automática mientras tu corazón está ausente.

Tu presencia verdadera. La que escucha sin interrumpir. La que mira a los ojos. La que no tiene prisa.

Una carta escrita a mano tiene más poder que mil objetos comprados con prisa. Una conversación honesta puede sanar lo que años de regalos caros no pudieron tocar.

El símbolo tiene poder porque habla un lenguaje que el alma entiende.

La pregunta que cambia todo

Antes de pensar en qué vas a regalar, pregúntate:

¿Qué estoy llamado a ofrecer este año, más allá de los objetos?

¿Presencia?
¿Reconciliación?
¿Verdad, aunque incomode?
¿Tiempo de calidad sin distracciones?

Tal vez tu mayor regalo no cabe en una caja. Tal vez no se envuelve. Tal vez no se publica.

Pero deja huella.

Tu tarea (si te atreves)

Acción 1: Escribe esta pregunta: «¿Desde dónde he estado regalando en los últimos años?» Dale 10 minutos de honestidad brutal.

Acción 2: Elige a UNA persona. Pregúntate: «¿Qué necesita recibir de mí que no sea un objeto?» Escucha tu primera intuición.

Acción 3: Antes del 24 de diciembre, regala algo que no pueda comprarse: una conversación pendiente, una disculpa genuina, o tu atención plena durante una hora.

Acción 4: Si hay alguien a quien estás regalando por obligación… considera con valentía si es momento de elegir no regalar. Hazlo con amor, no con resentimiento.

Cuando el mercader regresó al pueblo, ya no llevaba bolsas llenas de objetos. Llevaba algo más valioso: la capacidad de mirar a los ojos y preguntar «¿Cómo estás, realmente?»

Y las personas lloraban. Porque nadie les había regalado eso en años.

¿Te atreves a ser ese mercader este año?

— Fredy Serna Mejía