La Serpiente que Olvidó Cómo Cambiar de Piel (La versión de ti que murió entre 2016 y hoy)

Por Fredy Serna Mejía – Coach, Mentor y Facilitador en Procesos de Transformación

Imagina por un momento a una serpiente antigua, encerrada en un terrario de cristal. Ha vivido ahí tanto tiempo que olvidó algo esencial: que su naturaleza es mudar. Cada cierto tiempo, su piel se vuelve opaca, le pica, le molesta. Pero en lugar de frotarse contra las rocas para liberarse, se queda inmóvil, creyendo que ese malestar es su nueva normalidad. Hasta que un día, casi por accidente, roza una piedra… y comienza el proceso que lleva años evitando.

Tú eres esa serpiente. Y 2016 fue tu última piel cómoda.

 

El espejo que nadie quiere mirar

Detente aquí. Respira hondo antes de seguir leyendo.

Voy a pedirte algo incómodo: cierra los ojos por cinco segundos y visualiza quién eras en 2016. No lo que hacías. Quién eras. Qué te emocionaba al despertar. Qué te quitaba el sueño. Con quién compartías tu vida. Qué verdades sostenías como absolutas.

Ahora ábrelos.

¿Reconoces a esa persona? ¿O sientes que estás mirando a un extraño con tu mismo rostro?

Si hay una grieta entre ambas versiones, no te asustes. Esa grieta tiene un nombre que la sociedad rara vez pronuncia con reverencia: transformación real. Y duele precisamente porque es real. Porque no es de Instagram. Porque nadie aplaude cuando pierdes certezas, cuando te quedas sin personaje, cuando descubres que la vida que construiste era para alguien que ya no eres.

El rito de paso que nadie te advirtió

Entre 2016 y hoy no solo pasaron años. Pasó un terremoto existencial colectivo. Algunos lo llaman pandemia. Otros lo llaman despertar forzado. Yo lo llamo el fin de la inocencia sostenida.

Perdiste cosas. Por supuesto que las perdiste. Tal vez personas, trabajos, sueños que parecían sólidos. Pero aquí está la verdad que te quiero susurrar directamente al oído: no todo lo que perdiste era tuyo. Algunas de esas cosas eran disfraces que llevabas para complacer, para encajar, para no decepcionar a versiones de ti que ya estaban pidiendo a gritos jubilarse.

Y ahí está el secreto que nadie te cuenta sobre la transformación genuina: no se siente como un logro, se siente como un despojo.

No hay diploma cuando finalmente entiendes que no tienes que cargar con todos. No hay ceremonia cuando aprendes a decir «no» sin justificarte. No hay confeti cuando descubres que tu paz mental vale más que cualquier validación externa.

¿Sabes por qué? Porque estás mudando de piel. Y ese proceso es solitario, confuso, vulnerable. La serpiente no muda frente a una audiencia. Se retira. Se frota contra sus propias verdades hasta que lo viejo se desprende.

La alquimia de lo que quedó

Pero espera. Aquí viene el giro que cambia todo.

Si perdiste ingenuidad, ganaste discernimiento.
Si perdiste tolerancia a lo tóxico, ganaste límites sagrados.
Si perdiste la necesidad de explicarte, ganaste soberanía interna.

Mira lo que tienes ahora y no tenías en 2016: estás menos dispuesto a traicionarte por pertenecer. Te irritas más rápido con las incoherencias, incluidas las tuyas. Tu círculo es más pequeño, pero infinitamente más real. Tu silencio es más denso, más lleno de presencia que mil palabras huecas.

Esto no es frialdad. Es maduración sin maquillaje.

Y sí, a veces te sientes más cansado. Porque cargar consciencia pesa más que cargar ignorancia. Pero pregúntate: ¿preferirías volver a ser quien no sabía? ¿O preferirías honrar a quien se atrevió a desaprender?

Tu tarea de transformación consciente

Ahora viene la parte donde no te dejo escapar con solo emociones. Porque la transformación sin acción se convierte en nostalgia estéril. Y tú no estás aquí para recordar. Estás aquí para renacer intencionalmente.

Toma papel y lápiz. No tu teléfono. Tu mano escribiendo es un ritual.

Ejercicio 1: El funeral necesario
Escribe: «La versión de mí que murió entre 2016 y hoy creía que…»
Completa cinco creencias que ya no sostienes. No las juzgues. Solo obsérvalas como quien mira ropa que ya no le queda.

Ejercicio 2: El nacimiento sin testigos
Escribe: «La versión de mí que nació gracias a todo lo vivido ahora sabe que…»
Completa cinco verdades que solo pudiste aprender atravesando el fuego. Estas son tus nuevas raíces.

Ejercicio 3: La pregunta que define todo
Responde con brutal honestidad: «¿Qué estoy sosteniendo todavía de mi vieja piel por miedo a terminar de soltar?»

Puede ser una relación, un trabajo, una imagen, una promesa que le hiciste a quien ya no eres. Nómbralo. Porque solo lo nombrado puede ser transformado.

El final que es solo un comienzo

Si llegaste hasta aquí, no fue por casualidad. Hay algo en ti que está listo para dejar de resistirse al cambio que ya ocurrió.

Tú no estás roto por haber cambiado. Estás exactamente donde debías estar para convertirte en quien necesitas ser. La serpiente no regresa a su piel vieja. Sería su muerte. Su vida está en seguir adelante, vulnerable pero viva, con la piel nueva aún sensible pero infinitamente más preparada.

2016 no fue mejor. Era solo diferente. Y tú no eras mejor. Eras solo menos consciente de tu propio poder.

La nostalgia no viene a llevarte atrás. Viene a recordarte cuánto has caminado. Y ese camino, con todo y sus cicatrices, es tu mayor obra maestra.

Ahora respira. Siente. Y pregúntate: ¿qué sigue?

Porque esta transformación que ya viviste… fue solo la preparación para la que viene.

Y esa, esa será completamente tuya.

Fredy Serna Mejía
Coach en Procesos de Transformación