La Verdadera Razón por la que tu Equipo Está Desmotivado (Y No Es el Salario)

Por Fredy Serna Mejía – Coach, Mentor y Facilitador en Procesos de Transformación

Has sentido alguna vez que estás empujando una roca cuesta arriba mientras tu equipo observa desde la distancia?

Déjame contarte la historia del jardinero sabio.

Había una vez un jardinero que poseía el jardín más hermoso del reino. Cada planta florecía con vigor, cada árbol daba frutos abundantes. Un día, un noble le preguntó cuál era su secreto. El jardinero sonrió y respondió: «No les digo a las plantas qué crecer. Les recuerdo por qué existen.»

Tú estás leyendo esto porque algo no cuadra en tu organización, ¿verdad?

Quizás has notado esa energía apagada en las reuniones. Esa mirada ausente cuando presentas la nueva estrategia. Ese silencio denso que se instala cuando preguntas «¿alguna idea?» Y lo más desconcertante: los números dicen que todo funciona, pero tú sientes que algo vital se está muriendo.

El Síntoma que Confundimos con el Problema

Aquí está la trampa en la que caes (todos caemos): cuando ves desmotivación, inmediatamente piensas en soluciones técnicas.

Más bonos. Mejor capacitación. Nuevos KPIs. Plataformas colaborativas. Eventos de team building con cuerdas y caídas de confianza.

Y nada cambia.

¿Sabes por qué?

Porque estás tratando los síntomas mientras el virus sigue corriendo por las venas de tu cultura organizacional. Ese virus tiene un nombre sencillo pero devastador: ausencia de significado.

Las personas en tu equipo no renuncian el día que entregan la carta. Renuncian emocionalmente semanas, meses o incluso años antes. Y no hacen ruido. No generan drama. Simplemente se convierten en fantasmas funcionales: cumplen, pero no construyen. Ejecutan, pero no crean. Están presentes, pero ausentes.

La Pregunta que Nadie Está Haciendo

Detente un momento. Ahora mismo, mientras lees esto, hazte esta pregunta y responde con honestidad brutal:

¿Alguien en tu equipo podría explicar con pasión genuina por qué su trabajo importa más allá del salario que recibe?

Si dudaste aunque sea un segundo, ya tienes tu respuesta.

Verás, hay una diferencia abismal entre saber qué hacer y comprender por qué importa. La primera genera empleados. La segunda, constructores de legado.

Cuando un ser humano —porque eso es lo que tienes frente a ti, no «recursos»— pierde la conexión con el propósito de su labor, algo se quiebra en su interior. La creatividad se congela. La iniciativa desaparece. La innovación se vuelve un concepto bonito en la presentación de PowerPoint del CEO, pero que jamás llega al terreno operativo.

Y entonces empiezas a escuchar frases devastadoras en los pasillos:

  • «Es solo un trabajo.»
  • «Yo hago lo que me piden y ya.»
  • «Total, da lo mismo.»

La Verdad Incómoda que Nadie Quiere Admitir

Puedes tener la estrategia más brillante del mercado. La tecnología más avanzada. Los procesos más impecables. Los manuales más detallados.

Pero si tu cultura no transmite un significado real y vivido cada día, solo estás construyendo una máquina cara que funciona con piloto automático.

Y las máquinas no innovan. Las máquinas no se adaptan. Las máquinas no transforman.

Solo ejecutan hasta que dejan de funcionar.

Aquí está el punto que cambiará tu perspectiva si lo dejas entrar: el problema no es tu gente. Nunca lo ha sido. El problema es que has estado tan enfocado en los resultados que olvidaste nutrir las raíces.

¿Recuerdas al jardinero de la historia? Él no forzaba el crecimiento. Creaba las condiciones para que floreciera naturalmente. Y esas condiciones tienen un ingrediente esencial: propósito claro, compartido y vivido.

El Liderazgo que Transforma (O Destruye)

Cuando lideras sin conectar propósito con acción diaria, generas zombis corporativos. Cuando lideras desde la consciencia del «para qué», despiertas gigantes dormidos.

Un líder consciente no pregunta «¿cómo hago que rindan más?» Pregunta: «¿Cómo conecto lo que hacemos con algo que les importe profundamente?»

Porque aquí está el secreto que las escuelas de negocios no enseñan: las personas no necesitan que las motives constantemente. Necesitan que les recuerdes por qué su trabajo importa. Necesitan coherencia entre lo que dices en las reuniones y lo que viven en el día a día.

Cuando esa coherencia existe, algo mágico sucede:

  • Las personas dejan de esperar instrucciones y empiezan a proponer soluciones
  • Los problemas se vuelven desafíos emocionantes, no cargas pesadas
  • La energía fluye naturalmente porque están co-creando algo más grande que ellos mismos

Tu Misión (Si Decides Aceptarla)

No voy a dejarte con teoría bonita. Voy a darte acciones concretas que puedes implementar esta semana:

Acción 1: La Conversación Incómoda Siéntate con tres personas de tu equipo (individualmente) y pregúntales: «Si tuvieras que explicarle a un niño de 10 años por qué tu trabajo importa, ¿qué le dirías?» Escucha sin interrumpir. Sin defender. Sin explicar. Solo escucha.

Acción 2: El Ritual del Propósito En tu próxima reunión de equipo, dedica los primeros 10 minutos a compartir historias de impacto. No métricas. No números. Historias reales de cómo su trabajo tocó la vida de alguien. Haz esto cada semana durante un mes.

Acción 3: El Espejo de Coherencia Escribe tres valores que dices que tu organización representa. Luego, con honestidad brutal, califica del 1 al 10 qué tan coherentes son tus acciones diarias con cada uno. Si alguno está por debajo de 7, ahí está tu trabajo.

Acción 4: La Pregunta Transformadora Cada día, antes de dar una instrucción, pregúntate: «¿Esta persona entiende por qué esto importa?» Si la respuesta es no, cambia la conversación.

Lo que Viene Después

La transformación cultural no sucede con un clic. Sucede con mil decisiones pequeñas y conscientes que, acumuladas, crean un campo gravitacional diferente.

Tu equipo está esperando. No esperando instrucciones. Esperando que alguien les recuerde que su trabajo tiene alma. Que su esfuerzo construye legado. Que ellos no son piezas intercambiables en una maquinaria fría.

Son jardineros. Y tú eres quien debe recordarles por qué cada semilla que plantan importa.

En la próxima entrega, te revelaré el framework exacto que uso con líderes de organizaciones transformadoras para mapear y activar el propósito en cada nivel operativo. Pero primero, necesito que hagas estas cuatro acciones.

Porque leer sin actuar es solo entretenimiento intelectual.

Y tú no viniste aquí a entretenerte. Viniste a transformar.

¿Estás listo para recordarle a tu equipo por qué existen?

—Fredy Serna Mejía


P.D.: La pregunta más importante no es «¿cuándo empiezo?» Es «¿qué está costándome no hacerlo ya?»