No estás cansado de trabajar. Estás cansado de sostenerte sin sentido
Por Fredy Serna Mejía – Coach, Mentor y Facilitador en Procesos de Transformación
Hay una historia que quiero compartir contigo antes de entrar en lo que realmente importa.
Cuenta la leyenda que en un antiguo monasterio vivía un monje que cargaba agua del río hasta la cocina, todos los días, con dos cubetas colgadas de un palo sobre sus hombros. Una de las cubetas tenía una grieta. Cada mañana, al llegar, esa cubeta había perdido la mitad de su contenido. Los otros monjes le decían: «Consigue una cubeta nueva, estás desperdiciando esfuerzo». Pero él sonreía y seguía usando ambas.
Un día, un visitante le preguntó por qué insistía en cargar algo roto. El monje lo invitó a caminar el sendero desde el río. Y ahí estaba la respuesta: solo del lado de la cubeta agrietada crecían flores silvestres. Sin saberlo, esa «falla» había regado el camino durante años, transformándolo en un jardín.
El visitante quedó en silencio. Luego preguntó: «¿Y qué pasa cuando la grieta se hace tan grande que ya no queda agua?»
El monje respiró hondo y dijo: «Entonces aprendes que no todo lo que cargas merece ser cargado. Y que a veces, el verdadero problema no es la grieta… sino seguir caminando como si no existiera.»
La verdad que nadie te dice sobre tu cansancio
Detente un segundo. Solo un segundo.
¿Sabes cuánto tiempo llevas funcionando en piloto automático? ¿Cuántas veces esta semana te preguntaste «¿qué siento realmente?» y te respondiste con lo que deberías sentir?
Porque aquí está el secreto que nadie te cuenta:
La mayoría del estrés que experimentas hoy no viene de tus responsabilidades. Viene de seguir adelante mientras ignoras que algo dentro de ti está gritando.
Has aprendido a rendir. A cumplir. A sostener. Pero en ningún lugar te enseñaron la habilidad más importante de todas: detenerte antes de quebrarte.
Y tu cuerpo —ese mensajero sabio que nunca miente— ya te está hablando. Quizás a través del insomnio que no puedes explicar. O esa ansiedad que aparece de la nada. O ese vacío que sientes incluso cuando «todo está bien».
Eso no es debilidad. Es inteligencia biológica exigiendo coherencia.
Es tu sistema interno diciendo: «Hey, estamos fingiendo demasiado. Y esto ya no es sostenible.»
El mito que nos está matando lentamente
Ahora viene la parte que puede incomodarte.
Durante años te han vendido la idea de que ser resiliente es aguantar más. Que la fortaleza se mide en cuánto puedes cargar sin doblarte. Que pedir ayuda es rendirse.
Mentira.
Una mentira hermosa, socialmente aceptada, pero mentira al fin.
La verdadera resiliencia no es dureza. Es flexibilidad del alma. Es saber cuándo parar, cuándo soltar, cuándo cambiar de ritmo sin juzgarte como fracasado.
Las personas verdaderamente resilientes no son las que más aguantan. Son las que se escuchan antes. Las que reconocen sus límites como información sagrada, no como defectos que ocultar.
¿Y sabes qué pasa cuando finalmente te permites escucharte? Algo casi mágico: descubres que tenías razón todo el tiempo. Que ese «no puedo más» no era dramatismo. Era verdad.
Y la verdad, amigo, siempre libera.
Las tres llaves que cambiarán tu fin de semana (y quizás tu vida)
Aquí no vengo a darte otra lista interminable de técnicas. Vengo a entregarte tres gestos pequeños pero profundamente transformadores. Tres decisiones que puedes tomar hoy mismo:
1. Nombra lo que pesa
Este fin de semana, siéntate en silencio contigo. Cinco minutos. Sin música, sin distracciones. Y pregúntate con absoluta honestidad:
¿Qué estoy sosteniendo que ya no me corresponde sostener?
Puede ser una expectativa. Una imagen que proyectas. Un rol que asumiste hace años y que hoy te queda chico. Solo nombrarlo ya alivia el peso. Porque lo que no se nombra, se acumula en el cuerpo como toxina emocional.
2. Baja el volumen, no la exigencia
Aquí está el truco que nadie te dice: no tienes que renunciar a tus responsabilidades ni bajar tus estándares. Lo que necesitas soltar es la exigencia de sentirte perfecto mientras cumples.
Puedes hacer tu trabajo con excelencia y estar cansado. Puedes amar a tu familia y necesitar espacio. Puedes tener metas grandes y tomarte una tarde para no hacer nada. Esas cosas no se contradicen. Solo lo parecen cuando juzgas tus emociones como debilidades.
3. Reconecta con tu «para qué»
El estrés se vuelve tóxico cuando el esfuerzo pierde sentido. Cuando ya no recuerdas por qué haces lo que haces.
Entonces pregúntate: ¿Para qué estoy haciendo esto? No «por qué» (eso te lleva al pasado y a las obligaciones). Sino «para qué» (eso te conecta con el propósito).
Cuando reconectas con tu para qué, la misma actividad que antes te agotaba puede llenarte de energía. Porque no estás cumpliendo. Estás creando. No estás sobreviviendo. Estás construyendo.
El mensaje que tu alma necesita escuchar
Escúchame bien, porque esto es lo más importante de todo:
No necesitas otra técnica. Necesitas tratarte como alguien valioso, no como un recurso agotable.
La cultura te dice «produce más». Yo te digo: vive más.
La cultura te dice «sé fuerte». Yo te digo: sé honesto.
La cultura te dice «no pares». Yo te digo: detente antes de que sea el cuerpo quien te detenga.
Porque al final, la resiliencia verdadera no se entrena solo en la mente. Se cultiva cuando eliges vivir con honestidad interna. Cuando dejas de fingir que todo está bien para que otros se sientan cómodos. Cuando te das permiso de ser humano en un mundo que te exige ser máquina.
Y si este mensaje resonó en algún lugar profundo de tu pecho, si algo dentro de ti suspiró con alivio al leerlo… no es casualidad.
Es una parte de ti —la más sabia, la que siempre supo la verdad— pidiendo una forma más humana de estar en el mundo.
Tu trabajo para los próximos días
Porque leer no transforma. Actuar sí.
📝 Tarea 1: Esta noche, antes de dormir, escribe en una hoja: «Lo que realmente necesito y no me he dado permiso de pedir es…». Completa la frase. No la edites. Solo escríbela.
📝 Tarea 2: Identifica UNA cosa que haces por obligación, por imagen o por culpa (no por amor ni propósito). Una sola. Y decide conscientemente: ¿la transformo o la suelto?
📝 Tarea 3: Durante los próximos tres días, cuando sientas cansancio o ansiedad, no lo ignores. Párate 30 segundos y pregúntate: «¿Qué me está queriendo decir esto?» Anota la respuesta. Tu cuerpo tiene mensajes. Es hora de escucharlos.
Gracias por regalarte estos minutos. Por permitirte leer hasta aquí. Por elegir mirarte de verdad en lugar de seguir escapando.
Que este fin de semana no sea solo descanso. Que sea reencuentro.
Y recuerda esto como si fuera un mantra:
No estás aquí para sobrevivir a la vida. Estás aquí para habitarla con conciencia.
— Fredy Serna Mejía